Lo sé, voy con retraso: ya hace bastante que Pau cumplió el añito. Y soy consciente de que esto con Lulú no pasaba: el blog era prácticamente un panel de noticias en directo de cualquier cosa que le sucedía a la enana. Ahora nuestras centralitas están colapsadas y encontrar un rato libre y de inspiración para escribir es todo un reto.
En la revisión pediátrica del año confirmaron lo evidente: Pau está hecho un machote. Pesa casi 10 kg y mide 74 cm (lo pongo, porque son los típicos datos que preguntan las abuelas para luego reproducirlos con orgullo ante sus amigas). Su manera de gatear creo que sigue siendo un claro reflejo de su personalidad: cuando el suelo resbala (parquet, mármol), se desliza con una pierna cruzada debajo de la otra (una postura muy complicada, ruego que os abstengáis de reproducirla a menos que conozcáis a un buen fisioterapeuta); y cuando el suelo no resbala (alfombras), gatea como Dios y los manuales de pediatría mandan: utilizando debidamente sus dos manos y sus dos piernas. Y lo hace estupendamente, pero cabe decir que su otro método es más eficiente, así que cambia entre uno y otro adaptándose a la superficie. Y, últimamente, después de pasar por la temida fase de agarrarse a muebles, sillas, o lo que sea para ponerse de pie, ¡YA ANDA!
Y así es él en general: se adapta a todo, pero con mucho carácter e intentando imponer su voluntad. Puede estarse sentando en la trona tan pancho durante un buen rato si aciertas con el juguete o puede decidir que no se está quieto e inspeccionar toda la casa testeando el grosor y la resistencia de las paredes (a cabezazo limpio). Puede comer muy bien una cucharada tras otra o puede decidir que no le apatece el plan, empezar a patalear, gruñir, tirarlo todo… es una fuente de energía inagotable.
Pero hay algo que siempre es igual: su absoluta devoción por Lulú. Eso no ha cambiado. Es verla y sonreír. Y, como a ella le dé por hacerle pedorretas o cosquillas o cualquier monería, directamente empieza a partirse de la risa, a carcajadas, y entonces Lulú no puede evitarlo y se añade al coro y es un MomentoDeFelicidadLocal.
Últimamente les gusta invadir la cama de Papi y Mami por las mañanas y meterse debajo del plumón. Lulú dice que es una cabaña o una ballena (por la peli de Nemo) y entonces llama a Pau (”vine, Pau, vine”) para que la acompañe en tan intrépida aventura, y se adentran juntos debajo del plumón y se tiran uno encima del otro, haciendo la croqueta, y al final alguno de los dos acaba con alguna lesión de poca importancia, pero muy dulces ellos a pesar de todo.
Pau ya (o sólo — según se mire) tiene casi seis dientes: dos abajo y otros cuatro arriba. Así que de masticar poca cosa. Como dice Lulú, Pau no mastica el pan o las galletas, las chupa, es decir, las deshace con su saliva y luego sólo la lavadora es capaz de restablecer los colores originales de la ropa. Aunque triturado, come de todo, lo que es un gran incentivo para que Lulú también amplíe su abanico de alimentos. Y en eso estamos: de momento, la fruta está superada. Con el pescado, la carne y los huevos jamás ha tenido problemas. Le encantan el arroz y la pasta. Pero, ¡ay las verduras! “Poco a poco, mami”, como le gusta decir a ella. Eso sí, ni se te ocurra pedir unas gambas a la plancha o unas almejas a la marinera en su presencia, porque literalmente vuelan.
Y, evidentemente, los celos de Lulú se desatan (aunque modosamente) de manera sincronizada y proporcional a cualquier intento de protagonismo de Pau, que está hecho un pillo. Ya dice adiós con la mano, tanto cuando nos vamos de algún sitio como cuando se va a dormir y se dispone a subir las escaleras en brazos de Papi o Mami. También tira besitos con la palma de la mano, aunque no acaba de dominarlo mucho y a veces se hace un lío. Lo de aplaudir le encanta y hace las delicias de Lulú aplaudiéndola. Y, como ya ha llegado el punto en el que hay que decirle que “no” cuando hace algo que no está bien (como intentar meter los dedos en cualquier enchufe de forma obstinada), ahora él también te contesta diciendo “nonono” acompañado del correspondiente movimiento con el dedo índice. La bomba, vamos. Por lo demás, su vocabulario no es muy amplio: a parte de los típicos “papapapa” y “mamamama”, suelta algún que otro “nen” y “nena”, “guauguau” (acompañado de unos ojos cual platos cuando ve a un perro), “agua”, “globo” y balbucea sin parar, eso sí. Dicen en la guardería que se gasta un genio interesante y, desde luego, en casa ya hemos tenido un par de escenas lidiando con Lulú por alguna cosa al más puro estilo cascarrabias, combinado con puchero y llanto. Dotes escénicas no le faltan, vamos, como a su hermana, que tiene una buena maestra.
Lulú ejerce de hermana mayor con orgullo: “això no es fa, Pau”, “molt bé, Pau” o “mira com fa Lulú” (para enseñarle cómo caminar o bajarse de la cama debidamente, es decir sin tirarse de cabeza). Y es que está muy mayor ella, le encanta ayudar en todo y participar, saber cómo funcionan las cosas, no para de hablar, y uno de los momentos más deliciosos del día es echarse con ella en la cama justo antes de dormirse y que te empiece a explicar cómo le ha ido el cole: si han salido o no al pati, si han pintado, leído cuentos o hecho música o inglés, quién ha faltado porque está enfermo o de viaje, quién lleva todavía pañal o chupete (”Lulú, no, es gran, com l’Àlex”), quién se ha portado mal y por qué, qué ha comido y merendado, … lo explica absolutamente todo y le encanta que le preguntes y poder explayarse. Y, cuando le explicas un cuento, le gusta interrumpir para poner los puntos sobre las íes: quien le vende la sal al Patufet no es un “senyor”, sino una “senyora”, el lobo de los tres cerditos es un patoso, el Marqués de Carabás del gato con botas se queda sin ropa en un lago, no en un río, la Caperucita Roja le lleva pastel a su abuelita, no mermelada, y la Ratita Presumida mejor no intentar explicársela, porque “Má explica diferente”.
Algunas frases célebres de los últimos días:
Por la noche, mientras miramos el techo plagado de estrellas en busca de formas raras (autobuses, triángulos, cometas, …). Le digo: “Anda mira Lulú, una estrella de Joan Miró (la típica de Joan Miró, cinco palos cruzados)” – “No veo, Mami” – “Mira bien” – “Ya veo. Sí señora, Mami”. Ponki-ponki.
En el coche, con el iPod de Papi entre las manos, mientras Papi y Mami hablan sobre el cacharro, ella afirma con rotundidad: “Es un iPod” pronunciado “aipod”.
Sobre cómo le ha ido el lunes: “¿Les has explicado a los nenes que el finde fuiste en tranvía” – “Sí” – “¿Y qué te han dicho?” – “Estaban flipando”. Nosotros sí que flipamos…
En la cama a punto de dormirse: “Lulú, ¡pero si no te has quitado los calcetines!” – “Vaya despiste, Mami”.
En el baño, con la tumbonita donde siempre se espera a que sea su turno, le espeta a Rafa: “Seu aquí, Papi”. Y Rafa que le contesta: “No, Lulú, Papi pesa demasiado”. Y ella que responde: “Papi, fes cas, uno, dos, tres, a la cadira de pensar, Papi no fa cas!”. Tomadelfrascocarrasco!!!
En el coche, hablando de la fiesta: “Será una festa enomme”. Papi: “¿Cómo Lulú?” – “Molt gran, papi” (en plan, “es que hay que explicártelo todo…).
Y, para acabar, que no falten algunas fotos. Vídeos también habrá, pero tengo que aclararme primero.
La semana de Carnaval fue de lo más entretenida, siguiendo las órdenes del Rei Carnestoltes: caras pintadas, lazos, pijamas, disfraces caseros Made in Papi® y, por supuesto, una princesa rosa:





Y aquí algunas instantáneas del cumple de Pau en petit comité:


